Hoy se celebra la festividad de la Cátedra de San Pedro, una ocasión solemne que se remonta al cuarto siglo y con la que se rinde homenaje y se celebra el primado y la autoridad de San Pedro. La palabra "cátedra" significa asiento o trono y es la raíz de la palabra catedral, la iglesia donde un obispo tiene el trono desde el que predica. Sinónimo de cátedra es también "sede" (asiento o sitial): la "sede" es el lugar desde donde un obispo gobierna su diócesis. Por ejemplo, la Santa Sede es la sede del obispo de Roma, el Papa. Antes de rezar el Ángelus en este día, el Papa Juan Pablo II recordó que "la festividad litúrgica de la Cátedra de San Pedro subraya el singular ministerio que el Señor confió al jefe de los apóstoles, de confirmar y guiar a la Iglesia en la unidad de la fe. En esto consiste el 'ministerium petrinum', ese servicio peculiar que el obispo de Roma está llamado a rendir a todo el pueblo cristiano. Misión indispensable, que no se basa en prerrogativas humanas, sino en Cristo mismo como piedra angular de la comunidad eclesial". "Recemos -dijo- para que la Iglesia, en la variedad de culturas, lenguas y tradiciones, sea unánime en creer y profesar las verdades de fe y de moral transmitidas por los apóstoles". La cátedra es en realidad el trono que Carlos el Calvo regaló al papa Juan VIII y en el que fue coronado emperador el día de Navidad del año 875. Carlos el Calvo era nieto de Carlomagno. Durante muchos años la silla fue utilizada por el papa y sus sucesores durante las ceremonias litúrgicas, hasta que fue incorporada al Altar de la Cátedra de Bernini en 1666. Tradiciones, leyendas y creencias afirmaron durante muchos años que la silla era doble y que algunas partes se remontaban a los primeros días de la era cristiana e incluso que la utilizó San Pedro en persona. La silla ha sido objeto de numerosos estudios a lo largo de los siglos y la última vez que fue extraída del nicho que ocupa en el altar de Bernini fue durante un período de seis años, entre 1968 y 1974. Los análisis efectuados en aquella ocasión apuntaban a que se trataba de una sola silla cuyas partes mas antiguas eran del siglo VI. Lo que se había tomado por una segunda silla era en realidad una cubierta que servía tanto para proteger el trono como para llevarlo en procesión. Todos los años en esta fecha, el altar monumental que acoge la Cátedra de San Pedro permanece iluminado todo el día con docenas de velas y se celebran numerosas misas desde la mañana hasta el atardecer, concluyendo con la misa del Capítulo de San Pedro. Fuente: VIS - Servicio Informativo Vaticano
martes 26 de enero de 2010
Fiesta de la Cátedra de San Pedro
Hoy se celebra la festividad de la Cátedra de San Pedro, una ocasión solemne que se remonta al cuarto siglo y con la que se rinde homenaje y se celebra el primado y la autoridad de San Pedro. La palabra "cátedra" significa asiento o trono y es la raíz de la palabra catedral, la iglesia donde un obispo tiene el trono desde el que predica. Sinónimo de cátedra es también "sede" (asiento o sitial): la "sede" es el lugar desde donde un obispo gobierna su diócesis. Por ejemplo, la Santa Sede es la sede del obispo de Roma, el Papa. Antes de rezar el Ángelus en este día, el Papa Juan Pablo II recordó que "la festividad litúrgica de la Cátedra de San Pedro subraya el singular ministerio que el Señor confió al jefe de los apóstoles, de confirmar y guiar a la Iglesia en la unidad de la fe. En esto consiste el 'ministerium petrinum', ese servicio peculiar que el obispo de Roma está llamado a rendir a todo el pueblo cristiano. Misión indispensable, que no se basa en prerrogativas humanas, sino en Cristo mismo como piedra angular de la comunidad eclesial". "Recemos -dijo- para que la Iglesia, en la variedad de culturas, lenguas y tradiciones, sea unánime en creer y profesar las verdades de fe y de moral transmitidas por los apóstoles". La cátedra es en realidad el trono que Carlos el Calvo regaló al papa Juan VIII y en el que fue coronado emperador el día de Navidad del año 875. Carlos el Calvo era nieto de Carlomagno. Durante muchos años la silla fue utilizada por el papa y sus sucesores durante las ceremonias litúrgicas, hasta que fue incorporada al Altar de la Cátedra de Bernini en 1666. Tradiciones, leyendas y creencias afirmaron durante muchos años que la silla era doble y que algunas partes se remontaban a los primeros días de la era cristiana e incluso que la utilizó San Pedro en persona. La silla ha sido objeto de numerosos estudios a lo largo de los siglos y la última vez que fue extraída del nicho que ocupa en el altar de Bernini fue durante un período de seis años, entre 1968 y 1974. Los análisis efectuados en aquella ocasión apuntaban a que se trataba de una sola silla cuyas partes mas antiguas eran del siglo VI. Lo que se había tomado por una segunda silla era en realidad una cubierta que servía tanto para proteger el trono como para llevarlo en procesión. Todos los años en esta fecha, el altar monumental que acoge la Cátedra de San Pedro permanece iluminado todo el día con docenas de velas y se celebran numerosas misas desde la mañana hasta el atardecer, concluyendo con la misa del Capítulo de San Pedro. Fuente: VIS - Servicio Informativo Vaticano
CUARESMA
La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua. Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo.La Cuaresma dura 40 días; comienza el Miércoles de Ceniza y termina antes de la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo. A lo largo de este tiempo, sobre todo en la liturgia del domingo, hacemos un esfuerzo por recuperar el ritmo y estilo de verdaderos creyentes que debemos vivir como hijos de Dios.
El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.
En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios.
Por ello, la Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos. En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Con esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.
40 días
La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto.
En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades.
La práctica de la Cuaresma data desde el siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.
¿Qué es la Cuaresma?
¿Qué es el Miércoles de Ceniza?
¿Cómo se debe vivir la Cuaresma?
El Ayuno y la Abstinencia
Calendario Litúrgico
I Domingo de Cuaresma (1 de marzo)
II Domingo de Cuaresma (8 de marzo)
III Domingo de Cuaresma (15 de marzo)
IV Domingo de Cuaresma (22 de marzo)
V Domingo de Cuaresma (29 de Marzo)
Domingo de Ramos en la Pasión del Señor (5 de abril)
Citas Biblicas
Significado
Lunes Santo (6 de abril)
Martes Santo (7 de abril)
Miércoles Santo (8 de abril)
Jueves Santo de la Cena del Señor (9 de abril) - Fin de Cuaresma
Recursos para la Catequesis
Examen de conciencia
El Sacramento de la Reconciliación
Parábolas de conversión y perdón
Etimología cuaresmal
Vía Crucis
Textos sobre la Pasión del Señor Jesús
Rosario Cuaresmal
Oraciones
Semana Santa
Historias
Documentos
Trivia Católico
Imágenes
Textos para Reflexionar
Cuaresma, camino hacia la Pascua. Juan Pablo II
La Oración. Juan Pablo II
El Ayuno. Juan Pablo II
La Limosna. Juan Pablo II
Yo te absuelvo de todos tus pecados
Todo es perfecto en el sacrificio de Jesús
Pecado y conversión del Hijo Pródigo que soy
Las figuras del antiguo testamento que anuncian al Mesías
La Confesión
El sacerdote liga al penitente
El amor es el móvil que empujó a Cristo Jesús a padecer los sufrimientos de la Pasión
Cristo se entregó a sí mismo
Examen de conciencia cuaresmal
Carta 140 a Honorato
Cristo se hace solidario
Reflexiones sobre los improperios del Viernes Santo
El ascetismo cristiano auténtico. Juan Pablo II
La agonía del huerto: aceptando el consuelo del ángel, Jesús aceptaba anticipadamente nuestros consuelos
Las lagrimas de Cristo
La muerte de Jesús es la fuente de nuestra confianza
Fiesta de Nuestra Señora de Lourdes
El 11 de febrero de 1858, tres niñas, Bernadette Soubirous, de 14 años, su hermana Marie Toinete, de 11 y su amiga Jeanne Abadie, de 12 salieron de su casa en Lourdes para recoger leña. Camino al río Gave, pasaron por una gruta natural donde Bernadette escuchó un murmullo y divisó la figura de una joven vestida de túnica blanca, muy hermosa, ceñida por una banda azul y con un rosario colgado del brazo. Se acercó y comenzaron a rezar juntas, para luego desaparecer. Por un período de cinco meses, la Virgen se le apareció a la niña, en medio de multitudes que se acercaban para rezar y poder observar a la hermosa señora, pero la Virgen sólo se le aparecía a la niña. En reiteradas ocasiones, Bernadette fue víctima de desprecios y burlas por parte de las autoridades eclesiales y civiles de pueblo, pero la niña se mantuvo firme en su fe mariana sobre todo en el especial pedido que la Virgen le había encargado: la construcción de una capilla sobre la gruta y la realización de una procesión. Luego de la última aparición ocurrida en16 de julio, fiesta de Nuestra Señora del Carmen, Bernadette ingresó a la orden religiosa de las hermanas enfermeras, a la edad de 22 años, y permaneció allí hasta su muerte a los 34 años de edad. *Visite nuestro especial en http://www.aciprensa.com/Maria/Lourdes/index.html
domingo 3 de enero de 2010
La lección de la mariposa
Un día, una pequeña abertura apareció en un capullo. Un hombre se sentó junto a él y observó durante varias horas como la mariposa se esforzaba para que su cuerpo pasase a través de aquel pequeño agujero. Entonces, pareció que ella sola ya no lograba ningún progreso. Parecía que había hecho todo lo que podía, pero no conseguía agrandarlo. Entonces el hombre decidió ayudar a la mariposa: tomó unas tijeras y cortó el resto del capullo. La mariposa entonces, salió fácilmente. Pero su cuerpo estaba atrofiado, era pequeño y tenía las alas aplastadas. El hombre continuó observándola porque él esperaba que, en cualquier momento, las alas se abrirían, y se agitarían, y serían capaces de soportar el cuerpo, que a su vez se iría fortaleciendo. Pero nada de eso ocurrió. La realidad es que la mariposa pasó el resto de su vida arrastrándose con un cuerpo deforme y unas alas atrofiadas. Nunca fue capaz de volar. Lo que aquel hombre no comprendió -a pesar de su gentileza y su voluntad de ayudar-, era que ese capullo apretado que observaba aquel día, y el esfuerzo necesario para que la mariposa pasara a través de esa pequeña abertura, era el modo por el cual la naturaleza hacía que la salida de fluidos desde el cuerpo de la mariposa llegara a las alas, de manera que sería capaz de volar una vez que estuviera libre del capullo. En su afán de ayudar, de evitar un esfuerzo, o un sufrimiento, la había dejado lisiada para toda la vida. Algo parecido sucede a veces en la educación de las personas. Algunas veces, el esfuerzo es justamente lo que más precisamos en algunos momentos de nuestra vida. Si pasamos a través de nuestra vida sin obstáculos, eso probablemente nos dejaría lisiados. No seríamos tan fuertes como podríamos haber sido, y nunca podríamos volar. Esto puede aplicarse también a la oración. Pedí fuerzas... y Dios me dio dificultades para hacerme fuerte. Pedí sabiduría... y Dios me dio problemas para resolver. Pedí prosperidad... y Dios me dio un cerebro y músculos para trabajar. Pedí coraje... y Dios me dio obstáculos que superar. Pedí amor... y Dios me dio personas para ayudar. Pedí favores... y Dios me dio oportunidades. Quizá incluso no recibí nada de lo que pedí... pero recibí todo lo que precisaba.
lunes 21 de diciembre de 2009
Pío XII y Juan Pablo II “venerables"

Se trata del primer paso importante del proceso romano para la causa de beatificación de los dos pontífices. Para que puedan ser elevados a la gloria de los altares se necesitará el reconocimiento de un milagro atribuido a su intercesión tras su muerte por una comisión científica, una comisión teológica, una comisión de cardenales y obispos y, por último, por el mismo Papa.Para ser declarados santos se requerirá el reconocimiento de otro milagro atribuido a su intercesión. Pío XII (Eugenio Pacelli), nacido en Roma en 1876, fue obispo de Roma entre 1939 y 1958, año en que falleció en Castel Gandolfo, la residencia de los papas cercana a la Ciudad Eterna. Guió el timón de la barca de Pedro en las difíciles tormentas de la segunda guerra mundial, desplegando una importante obra de ayuda a los perseguidos, incluidos los judíos.Por su parte Juan Pablo II (Karol Wojtyla), nacido en1920 en Wadowice (Polonia), fue elegido Papa en octubre de 1978 y falleció el 2 de abril de 2005 acompañado por cientos de miles de personas congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano. Los historiadores del siglo XX le atribuyen un papel decisivo en la caída del comunismo y los historiadores de la Iglesia ven en su pontificado un impulso decisivo a la aplicación del Concilio Vaticano II.Los decretos fueron autorizados por Benedicto XVI en la audiencia que concedió al arzobispo Angelo Amato, S.D.B., prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.Este proceso fue explicado por el mismo Papa Joseph Ratzinger al recibir en audiencia a los superiores, oficiales, y colaboradores de la Congregación para las Causas de los Santos con motivo del cuadragésimo aniversario de la institución de este organismo vaticano."Las principales etapas del reconocimiento de la santidad por parte de la Iglesia, es decir, la beatificación y la canonización, están unidas entre sí por un vínculo de gran coherencia. A éstas se les añade, como indispensable fase preparatoria, la declaración de la heroicidad de las virtudes o del martirio de un siervo de Dios y la verificación de algún don extraordinario, un milagro, que el Señor concede por intercesión del siervo fiel", explicó el Papa."¡Cuanta sabiduría pedagógica se manifiesta en este camino!", aseguró.Hablando del reconocimiento de las virtudes heroicas, explicó que "en un primer momento, se invita al Pueblo de Dios a contemplar a estos hermanos que, tras un cuidadoso discernimiento, son propuestos como modelos de vida cristiana".Refiriéndose a la beatificación, explicó que con ese paso "se exhorta a dirigirles un culto de veneración y de invocación circunscrito en el ámbito de las Iglesias locales o de órdenes religiosas".Por último, añadió, con la canonización, el pueblo cristiano "es llamado a exultar con toda la comunidad de los creyentes por la certeza de que, gracias a la solemne proclamación pontificia, un hijo o una hija suyos han alcanzado la gloria de Dios, donde participa en la perenne intercesión de Cristo a favor de los hermanos".En este proceso, aclaró el pontífice, "la Iglesia acoge con alegría y maravilla los milagros que Dios, en su infinita bondad, le ofrece gratuitamente para confirmar la predicación evangélica. Acoge, al mismo tiempo, el testimonio de los mártires como la forma más límpida e intensa de configuración con Cristo".La Iglesia, afirmó, realiza estos procesos pues, "en el camino de reconocimiento de la santidad, emerge la riqueza espiritual y pastoral que involucra a toda la comunidad cristiana"."Es decir --concluyó--, la transfiguración de las personas y de las realidades humanas a imagen de Cristo resucitado representa el objetivo último del plan de salvación divina".
miércoles 18 de noviembre de 2009
Acólitos vivieron encuentro arquidiocesano en alegría y amistad

En el Mes de la Virgen, acólitos y acólitas de todo Santiago se reunieron en el colegio Carolina Llona de Maipú, durante la jornada compartieron y reflexionaron en torno a la vocación a que Dios les llama.
Quinientos niños y niñas de diversas zonas de Santiago llegaron la mañana del sábado 14 de noviembre junto a sus formadores y padres hasta el colegio Carolina Llona, para vivir su encuentro Arquidiocesano de Acólitos. La jornada se inició en las aulas del establecimiento donde los niños, agrupados por edad, se reunieron para escuchar y reflexionar en torno a un pasaje del evangelio. En silencio y respeto, acólitos y acólitas abrieron su corazón para recibir el mensaje de Jesucristo a través de la Lectio Divina.
Posteriormente niños y niñas se revistieron con sus albas y peregrinaron , desde el colegio hasta el Templo Votivo de Maipú para a asistir a la Eucaristía presidida por el Cardenal Francisco Javier Errázuriz.
Durante al Misa, un grupo de acólitos y acólitas le presentaron al Cardenal sus inquietudes y desafíos de su servicio al Señor. Monseñor Errázuriz escuchó a los niños y jóvenes y les entregó un cariñoso mensaje.
'La V Conferencia en el Santuario de Aparecida, nos dice algo muy hermosos y es que debemos ser misioneros por desborde de gratitud y alegría. En primer lugar llamando la atención a los demás con nuestra propia experiencia de encuentro de Jesucristo, con nuestra alegría de estar cerca del altar, de ser acólitos, eso enciende el corazón de otras personas. No hay mejor apostolado que el testimonio que de cada uno de ustedes puede dar siendo feliz sirviendo junto al altar, asistiendo a la Eucaristía', comentó el Cardenal.
En su homilía el Pastor destacó la enseñanza de la Virgen María, como modelo para los jóvenes de seguimiento al Señor. ' En estos días estamos celebrando el Mes de María y es muy hermoso descubrir en ella el sí a Dios y la fidelidad a lo largo de toda su vida. Queridos acólitos, queridas acólitas, la espiritualidad de María debe ser también la nuestra y esto nos debe llevar a decir sí a la vocación a la que Dios nos llama'.
Una vez finalizada la misa llegó el momento del almuerzo y luego talleres artísticos de magia, canto y expresión corporal. El encuentro finalizó con una oración final en el patio central del colegio.
Durante le encuentro acólitos y acólitas compartieron sus testimonios
Paolo de la parroquia San Diego de Alcalá, participante del encuentro. 'Ha estado súper entretenido, en la mañana tuvimos un momento para conocernos con los demás acólitos, conversar y compartir en torno al evangelio'.
Francisca, de la Parroquia San Matías, de Puente Alto participó acompañada de su mamá. 'Es primera vez que vengo a este encuentro y ha sido súper bueno porque te encuentras con niños de otras partes que no se conocen. Me gusta ser acólita porque es muy lindo seguir a Jesús participar en la parroquia y ayudar en el servicio en el altar'.
Jeremy López, de Puente Alto, es acólito desde hace 2 años y nos contó lo significativo que es para él el acolitado. 'Esta experiencia ha sido muy bonita porque cuando me recibí como acólito lo hice junto a mi familia, todos estábamos muy emocionados. Ahora vengo con muchas ganas a este encuentro porque se aprovecha de conocer a otros niños que también quieren servir al Señor'.
Se habría dado primer paso para beatificación de Juan Pablo II, dice vaticanista

El prestigioso vaticanista italiano, Andrea Tornielli, dio a conocer que se habría dado el primer paso para la beatificación de Juan Pablo II, tras la reunión de la Congregación para las Causas de los Santos quienes habrían dado vía libre para decretar la heroicidad de virtudes del Papa Peregrino.
Tornielli explica que lo que falta ahora para la promulgación del mencionado decreto sobre la heroicidad de virtudes solo falta la firma del Papa Benedicto XVI, "que podría llegar en Navidad, cuando el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el Arzobispo Angelo Amato, lo pondrá en los trabajos de los cardenales".
Una vez firmado el decreto, dice el vaticanista, al Papa Wojtyla se "le atribuirá el título de ‘venerable’".
"Una vez promulgado oficialmente el decreto, se deberá entonces completar el proceso sobre un milagro atribuido a la intercesión de Juan Pablo II".
Este milagro, comenta Tornielli, sería "la curación de una hermana francesa del Parkinson: el caso será tratado primeramente por la consulta médica de la Congregación de las Causas de los Santos, luego por los teólogos y finalmente por los cardenales. Solo entonces, luego de una final y definitiva confirmación de Benedicto XVI, el Papa Wojtyla podrá ser beatificado
lunes 2 de noviembre de 2009
“AHÍ TIENES A TU MADRE”.
A partir del 08 de noviembre y hasta el 08 de diciembre, como cada año, nuestra Iglesia chilena, celebra el Mes de María para honrar y recordar a la Madre de Jesús. El tema central para este año es el Misterio Eucarístico.Oraciones del Mes
En el mes de María no sólo se puede rezar las oraciones tradicionales, sino también se puede cantar a la Virgen con estos cancioneros.
Misterios del Santo Rosario
Tiempo de flores y de encuentro con el Señor a través de su madre. Desde el 8 de noviembre Chile vive el Mes de María, una viva tradición religiosa inscrita en nuestra historia. En su presentación, el Obispo de Arica y Presidente del Área Eclesial de la Conferencia Episcopal de Chile, Mons. Héctor Vargas, recuerda que este Mes de María, momento siempre privilegiado para la vida de fe de nuestra Iglesia chilena, nace bajo el impulso de Aparecida y en el horizonte de la Misión Continental. "Nos colocamos en la Escuela de María, inspirándonos en sus enseñanzas, acogiendo y guardando lo que Ella, por mandato divino, nos envía desde el cielo", señala el pastor.El desarrollo general invita en la primera semana a acercarnos al Evangelio y la Biblia; en la segunda, a tener un tiempo de encuentro con el verdadero rostro de Dios (en la historia, en lo personal, en ese Dios providente, que es Padre, que se acerca en el dolor, que es misericordia). La tercera semana nos ayuda a descubrir cómo, en Jesucristo, somos hombres nuevos, forjadores de una nueva sociedad. Culminar en la cuarta semana, motivando nuestra tarea misionera de darle alma a Chile.
jueves 29 de octubre de 2009
ESPECIAL: NOVIEMBRE MES DE LOS DIFUNTOS
A todos nos preocupa la muerte, sin embargo, para los cristianos no debe ser motivo de angustia y desesperación. A través de la muerte, el hombre consigue llegar a su fin último que es volver a Dios de quien procede. MUERTE Y RESURRECCIÓN
• La muerte y la resurrección de la carne• Liturgia por los difuntos• Los sufragios por los difuntos• Resucitaremos en nuestros propios cuerpos
¨La vida se nos ha dado para buscar a Dios, la muerte para encontrarlo y la eternidad para poseerlo¨P. Alberto Hurtado
ORANDO POR LOS DIFUNTOS
• Oraciones por los difuntos• Oraciones por los difuntos: Inmediatamente después de la muerte • Recomendación del Alma • Novena a las almas del purgatorio• Oraciones por las almas del purgatorio• Triptico difuntos, fomato .doc
EL PURGATORIO
• Conmemoración de todos los fieles difuntos • El purgatorio: La madurez lograda después de la muerte
REFLEXIONES
• Al final de mi vida.doc• Ideas para mediar en La muerte y el Juicio• Mi testamento para Dios
TEMAS DE FONDO SOBRE LA MUERTE
• Aspectos crititicos de la asistencia al paciente moribundo • Cómo ayudar a los difuntos • El cristiano ante la muerte• ¿Podemos hablar con los muertos?
PAPA BENEDICTO XVI
• Benedicto XVI: Felicidad del justo• Benedicto XVI: Cristo libera del miedo a la muerte
jueves 22 de octubre de 2009
El hombre triste
Había una vez un muchacho que vivía en una casa grande sobre una colina. Amaba a los perros y a los caballos, los autos deportivos y la música. Trepaba a los árboles e iba a nadar, jugaba al fútbol y admiraba a las chicas guapas. De no ser porque debía limpiar y ordenar su habitación, su vida era agradable. Un día el joven le dijo a Dios: "He estado pensando y ya sé que quiero para mí cuando sea mayor". "¿Que es lo que deseas?", le pregunto Dios. "Quiero vivir en una mansión con un gran porche y un jardín en la parte de atrás, y tener dos perros San Bernardo. Deseo casarme con una mujer alta, muy hermosa y buena, que tenga una larga cabellera negra y ojos azules, que toque la guitarra y cante con voz alta y clara. Quiero tres hijos varones, fuertes, para jugar con ellos al fútbol. Cuando crezcan, uno será un gran científico, otro será político y el menor será un atleta profesional. Quiero ser un aventurero que surque los vastos océanos, que escale altas montañas y que rescate personas. Y quiero conducir un Ferrari rojo, y nunca tener que limpiar y ordenar mi casa." "Es un sueno agradable - dijo Dios-. Quiero que seas feliz." Un día, cuando jugaba al fútbol, el chico se lastimó una rodilla. Después de eso ya no pudo escalar altas montañas, grandes, y mucho menos surcar los vastos océanos. Así ni siquiera pudo trepar árboles, por lo que estudió mercadotecnia y puso un negocio de artículos médicos. Se casó con una muchacha que era muy hermosa y buena, y que tenía una larga cabellera negra. Pero era de corta estatura, no alta, y tenía ojos castaños, no azules. No sabía tocar la guitarra, ni cantar. Pero preparaba deliciosas comidas chinas, y pintaba magníficos cuadros de aves, y cocinaba aves sazonadas con exóticas especias. A causa de su negocio, el hombre vivía en la ciudad, en un apartamento situado en lo alto de un elevado edificio, desde el que se dominaba el océano azul y las luces de la urbe. No contaba espacio para dos perros San Bernardo, pero era dueño de un gato esponjado. Tenía tres hijas, todas muy hermosas. La más joven, que debía usar silla de ruedas, era la mas agraciada. Las tres querían mucho a su padre. No jugaban al fútbol con él, pero a veces iban al parque y correteaban lanzando un disco de plástico... Excepto la pequeña, que se sentaba bajo un árbol y rasgueaba su guitarra, entonando canciones encantadoras e inolvidables. Nuestro personaje ganaba suficiente dinero para vivir con comodidad, pero no conducía un Ferrari rojo. En ocasiones tenía que recoger cosas, incluso cosas que no eran suyas, y ponerlas en su lugar. Después de todo, tenía tres hijas. Y entonces el hombre se despertó una mañana y recordó su viejo sueño. "Estoy muy triste", le confió a su mejor amigo. "¿Por qué?", quiso saber éste. "Porque una vez soñé que me casaría con una mujer alta, de cabello negro y ojos azules, que sabría tocar la guitarra y cantar. Mi esposa no toca ni canta, tiene los ojos castaños y no es muy alta". "Tu esposa es muy guapa y muy buena -respondió su amigo-, y pinta unos cuadros maravillosos y sabe cocinar muy bien". Pero el hombre no le escuchaba."Estoy muy triste", le confesó a su esposa un día. "¿Por qué?", inquirió su mujer. "Porque una vez soñé que viviría en una mansión con porche y un jardín en la parte de atrás, y que tendría dos perros San Bernardo. En lugar de eso, vivo en un apartamento en el piso 47". "Nuestro apartamento es cómodo y podemos ver el océano desde el sillón de la sala de estar -repuso ella-, y nos queremos, y tenemos pinturas de aves y un gato esponjado..., por no mencionar a nuestras tres hermosas hijas. Pero su marido no la escuchaba. "Estoy muy triste", le dijo en otra ocasión a su psicoterapeuta. "¿Por que razón?", pregunto el especialista. "Porque una vez soñé que era un gran aventurero. En vez de ello, son un empresario calvo, con la rodilla lesionada". "Los artículos médicos que usted vende han salvado muchas vidas", le hizo notar el médico. Pero el hombre no le escuchaba. Así que el terapeuta le cobro 100 dólares y lo mandó a casa. "Estoy muy triste", le dijo a su asesor. "¿Por qué?", indagó éste. "Porque una vez soñé que conduciría un Ferrari rojo y que nunca tendría que ordenar mis cosas. En vez de ello, utilizo el transporte público, y a veces tengo que ocuparme de muchos quehaceres". "Usted viste trajes de calidad, come en buenos restaurantes y ha viajado por toda Europa", señaló el asesor. Pero el hombre no le escuchaba. El asesor le cobró 100 dólares de todos modos. Soñaba con un Ferrari rojo para sí mismo. "Estoy muy triste", le dijo a su párroco. "¿Por qué?", le preguntó el sacerdote. "Porque una vez soñé que tendría tres hijos varones: un gran científico, un político y un atleta profesional. Ahora tengo tres hijas y la menor ni siquiera puede caminar." "Pero todas son hermosas e inteligentes -afirmó el párroco-, y te quieren mucho, y han sabido aprovechar bien su talento: una es enfermera, otra es pintora, y la más joven da clases de música a los niños." Pero el hombre no escuchaba. Se puso tan melancólico que enfermó de gravedad. Yacía postrado en una blanca habitación del hospital, rodeado de enfermeras con blancos uniformes. Varios cables y mangueras conectaban su cuerpo a maquinas parpadeantes que alguna vez él mismo le había vendido al hospital. Estaba triste, muy triste. Su familia, sus amigos y su párroco se reunían alrededor de su cama. Ellos también estaban profundamente preocupados. Sólo su terapeuta y su asesor seguían felices. Y sucedió que una noche, cuando todos se habían ido a casa, salvo las enfermeras, el hombre le dijo a Dios: "¿Recuerdas cuando era joven y te hablé de las cosas que deseaba?". "Sí. Fue un sueño maravilloso", asintió Dios. "¿Por qué no me otorgaste todo eso?", preguntó el hombre. "Pude haberlo hecho -respondió Dios-, pero quise sorprenderte con cosas que no habías soñado. Supongo que has reparado en lo que te he concedido: una esposa hermosa y buena, un buen negocio, un lugar agradable para vivir, tres adorables hijas. Es uno de los mejores paquetes que he preparado...". "Sí -le interrumpió el hombre-, pero yo creí que me darías lo que realmente deseaba". "Y yo pensé que tú me darías lo que yo quería", repuso Dios. "¿Y qué es lo que tu deseabas?", quiso saber el hombre. Nunca se le había ocurrido que Dios necesitara algo. "Quería que fueras feliz con lo que te había dado", explicó Dios. El hombre se quedo despierto toda la noche, pensando. Por fin decidió soñar un sueño nuevo, un sueño que deseaba haber tenido años atrás. Decidió soñar que lo que más anhelaba era precisamente lo que ya tenía. Y el hombre se alivió y vivió feliz en el piso 47, disfrutando de las hermosas voces de sus hijas, de los profundos ojos castaños de su esposa y de sus bellísimas pinturas de aves. Y por las noches contemplaba el océano y miraba con satisfacción las titilantes luces de la ciudad, una a una.
Experto aclara: Puerta abierta a anglicanos no es para ex sacerdotes católicos casados
Un prestigioso teólogo católico estadounidense converso del anglicanismo, explicó que el anuncio de la Santa Sede sobre la creación de Ordinariatos Personales para acoger a los feligreses y clérigos anglicanos, no es una puerta abierta para los ex sacerdotes católicos que abandonaron la Iglesia ni tampoco permite que los sacerdotes en funciones contraigan matrimonio.El Padre George Rutler, que durante nueve años fue sacerdote episcopaliano –miembro de la comunión anglicana-, se convirtió al catolicismo y fue ordenado sacerdote católico. Ha escrito más de 14 libros de teología, tiene un programa televisivo en el canal católico EWTN y es párroco en Nueva York.
En declaraciones a la agencia Catholic News Agency, que integra el Grupo ACI, el experto lamentó que la prensa “desinformada y siempre sensacionalista en temas de religión”, se concentre en la admisión de sacerdotes anglicanos casados en el seno de la Iglesia.
Para ejercer el ministerio sacerdotal en la Iglesia Católica, “estos sacerdotes anglicanos casados deberán ser ordenados completa y válidamente por un obispo católico. Siguiendo la costumbre ortodoxa, ellos han podido casarse solo antes de la ordenación anglicana y no después. Y ningún hombre casado se convertirá en obispo”, explicó el Padre Rutler aclarando que la Iglesia tampoco está abriendo una puerta a aquellos ex sacerdotes católicos que abandonaron la Iglesia y contrajeron matrimonio.
Además, señaló que “los obispos anglicanos que se unan a los ‘ordinariatos’ (católicos) ya no serán reconocidos como obispos. Por una concesión especial, los obispos anglicanos tendrán cierto derecho de autoridad pastoral, pero no serán obispos”.
Según el sacerdote, con esta cobertura periodística se pierde de vista “el punto más importante”: “El anuncio de la Santa Sede reitera la insistencia de la Iglesia Católica en que las sagradas órdenes anglicanas son inválidas, y en consecuencia también su eucaristía”.
Para el Padre Rutler, habrá que ver cuántos anglicanos (episcopalianos en Estados Unidos) serán recibidos en la Iglesia Católica bajo estas condiciones, pero el anuncio confirma “la rápida desintegración del anglicanismo al menos en Occidente y reta radicalmente a los anglicanos en otras partes del mundo”.
El experto consideró que los pedidos masivos de ingreso a la Iglesia Católica, son “una bofetada al anglicanismo liberal y un repudio total de la ordenación de mujeres, el matrimonio homosexual y el descuido general de la doctrina en el anglicanismo. De hecho, se trata de un rechazo definitivo del anglicanismo”.
“Básicamente, el anglicanismo se interpreta como un patrimonio espiritual basado en la tradición étnica en lugar de la doctrina sustancial y deja en claro que no es una iglesia histórica, sino más bien una comunidad eclesial, que se desvió y ahora es invitada a regresar a la comunión con el Papa como Sucesor de Pedro”, indicó.
También destacó el cuidado del anuncio en el Vaticano, realizado en simultáneo con una conferencia de prensa del Arzobispo católico de Westminster y el Arzobispo anglicano de Canterbury en la que dijeron que la próxima constitución reconoce el patrimonio espiritual del anglicanismo y que el diálogo ecuménico sigue adelante.
miércoles 21 de octubre de 2009
Iglesia Católica
No sabemos a qué grupo de personas pertenezcas tú. Si eres católico y no te has acercado mucho a tu Iglesia, este puede ser un medio para que lo hagas, verás que la religión no es como muchos piensan: algo fuera del mundo, que nada tiene que ver con la vida cotidiana. Al contrario, ser cristiano significa vivir de cierta forma cada circunstancia de la vida; en el trabajo, en la escuela, en las diversiones, en las relaciones humanas, un cristiano debe notarse y con su ejemplo, debe impregnar su entorno con los valores evangélicos, que son: la justicia, la paz, la verdad y el amor. Si cada cristiano viviera como tal, este mundo sería diferente.Si perteneces a cualquier otra Iglesia, no está de más que te asomes a conocer un poco del catolicismo, para que juzgues por ti mismo y tal vez puedas valorar lo que hay en otros credos distintos al tuyo.
Si no eres creyente, es posible que te resulte interesante conocer lo que pensamos quienes creemos en Dios, a cerca de muchos conceptos de la vida del hombre. Conocer siempre aumenta la cultura, así es que no te estorbará enterarte de la doctrina que un hombre llamado Jesús, hace dos mil años, allá por Medio Oriente, enseñó a un grupo de doce personas que se atrevieron a emprender una aventura llamada Iglesia, que perdura hasta nuestros días y ha dado sentido a la vida de muchos hombres y mujeres del mundo.
Primero que nada, debes ubicar a la Iglesia Católica como "Cristiana", somos la Iglesia fundada por Cristo hace dos mil años, por tanto, somos ante todo Cristianos, es decir, seguidores de Cristo. Decir Iglesia Católica, se refiere a la denominación de nuestra Iglesia: "católico" significa "universal", o sea que la Iglesia que Cristo fundó es para todos los hombres de todas las naciones y de todos los tiempos.
Aquí encontrarás concretamente los fundamentos de la Iglesia Católica, sus características, su misión y jerarquía. En otros espacios de esta misma página podrás encontrar muchos aspectos de la doctrina cristiana dividida en diferentes temas.
Definición de Iglesia
Iglesia, viene del griego Ekkesia, significa "asamblea", "convocación". Designa a la asamblea del pueblo, en general de carácter religioso. En el lenguaje cristiano, la palabra Iglesia designa no sólo la asamblea litúrgica, sino también a la comunidad local, a toda la comunidad universal de los creyentes.
La Iglesia es el Pueblo que Dios reúne en el mundo entero.
La Iglesia, Pueblo de Dios, tiene como identidad, la dignidad de los hijos de Dios en cuyos corazones habita el Espíritu Santo; Como ley, el mandamiento nuevo de amar como el mismo Cristo nos ha amado; como misión, acoger la salvación y llevarla a los hombres y como destino, el Reino definitivo de Dios, del que ya es germen.
Origen y fundación
"Y ahora yo te digo: Tú eres Pedro, o sea 'Piedra' y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia que los poderes del Infierno no podrán vencer. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos: todo lo que ates en la tierra será atado en el cielo, y lo que desates en la tierra será desatado en los cielos". Mt 16, 18-19
La Iglesia ha sido prefigurada ya desde el origen del mundo y preparada maravillosamente en la historia del pueblo de Israel y en la Antigua Alianza, se constituyó en los últimos tiempos, se manifestó por la efusión del Espíritu y llegará gloriosamente a su plenitud al final de los siglos.
El Señor Jesús comenzó su Iglesia con el anuncio de la Buena Nueva, es decir, de la llegada del Reino de Dios prometido desde hacía siglos en las Escrituras. La Iglesia es el Reino de Cristo, presente ya en misterio.
El Señor Jesús dotó a su comunidad de una estructura que permanecerá hasta la consumación del Reino. Los Doce, con Pedro a su Cabeza, (Cf. Mc 3,14-15) y los otros discípulos participan en la misión de Cristo, en su poder, y también en su suerte.
La Iglesia ha nacido principalmente del don total de Cristo. El Concilio nos dice que: "El agua y la sangre que brotan del costado abierto de Jesús crucificado son signo de este comienzo y crecimiento"(Vaticano II, LG 3). Del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de toda la Iglesia.
Misión
Cuando el Hijo terminó la obra que el Padre le encargó realizar en la Tierra, fue enviado el Espíritu Santo el día de Pentecostés para que santificara continuamente a la Iglesia. La Iglesia es por su misma naturaleza, misionera enviada por Cristo a todas las naciones para hacer de ellas discípulos suyos (Cf. Mt 28,19-20)
Para realizar su misión el Espíritu Santo la construye y dirige con diversos dones jerárquicos y carismáticos. La Iglesia recibe la misión de anunciar y establecer en todos los pueblos el Reino de Cristo y de Dios. Ella constituye el germen y el comienzo de este Reino en la Tierra.
Hasta el día que Cristo vuelva glorioso, la Iglesia avanza en su peregrinación a través de las persecuciones del mundo y de los consuelos de Dios. Aquí en el mundo, ella se sabe en exilio, lejos del Señor. (Cf. 2Cor. 5,6; LG 6) .
El misterio de la Iglesia
En la Sagrada Escritura encontramos muchas imágenes y figuras para revelar el Misterio de la Iglesia.
* La Iglesia es El Pueblo de Dios: La nueva asamblea que resulta de Pentecostés es el "nuevo pueblo" que nace de la Nueva Alianza realizada y sellada con la Sangre de Cristo. (Cf. 1Co 11,25). Es el Nuevo Pueblo que se hace universal; el Espíritu prometido a toda criatura.
* La Iglesia es El Cuerpo de Cristo. En este pueblo Dios nos concede participar de su Espíritu y ese mismo Espíritu es el que nos constituye místicamente en el Cuerpo de Cristo; por el Bautismo nos configura con Cristo; por la Eucaristía, somos elevados a una comunión con Él (Cf. 1Co 12,27) y entre nosotros (Rom 12,5). El Espíritu es el que nos une y forma como Cuerpo de Cristo, pero creando y manteniendo la diversidad de funciones, dones y carismas, que han de estar puestos al servicio de la unidad del propio Cuerpo de Cristo.
Iglesia primitiva
La comunidad cristiana de los primeros años, marca la figura esencial de lo que debe ser la Iglesia, es decir, toda comunidad cristiana y se distingue por:
ð escuchar y meditar la Palabra del Señor;
ð partir el pan, misterio de muerte y resurrección de Cristo, presente en la Eucaristía;
ð vivir y estar juntos, formando un cuerpo fácilmente visible e identificable;
ð testimoniar por todas partes que Jesús ha resucitado y es el único Señor y Salvador;
ð dedicarse a los pobres y desvalidos, imitando a su Señor, que siendo rico se hizo pobre;
ð afrontando y corrigiendo con amor los problemas internos, según el Espíritu;
ð asumiendo los apóstoles la función y ministerio de pastores. .
Características
En la Profesión de Fe -nuestro "Credo"- los cristianos hablamos de cuatro atributos inseparables de la Iglesia, que indican sus rasgos esenciales y su misión, según la voluntad de Cristo. Decimos a cerca de la Iglesia que es:
- UNA. Tiene un solo Señor, confiesa una sola fe, nace de un solo Bautismo, forma un solo cuerpo, vivificado por un solo Espíritu, orientado a una única esperanza a cuyo término se superan todas las divisiones.
- SANTA. Dios Santísimo es su autor. Cristo su Esposo, se entregó por nosotros para santificarla; el Espíritu de Santidad la vivifica, aunque esté formada por pecadores. En los santos brilla su santidad; y en María que es ya la enteramente santa.
- CATÓLICA. Quiere decir UNIVERSAL. Anuncia la totalidad de la fe, lleva en sí y administra la plenitud de los medios de salvación; es enviada a todos los pueblos; se dirige a todos los hombres; abarca todos los tiempos; es por su propia naturaleza, misionera.
- APOSTÓLICA. Está edificada sobre sólidos cimientos: "los doce apóstoles de Cristo", es indestructible; Jesús prometió "estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt. 28,20) se mantiene infaliblemente en la verdad; Cristo la gobierna por medio de Pedro y los demás apóstoles, presentes en sus sucesores, el Papa y el Colegio Episcopal (de Obispos).
Sus miembros
San Pedro dice: "vosotros sois linaje elegido, sacerdocio real, nación consagrada, pueblo adquirido" (1 Pe 2,9). Cristo al ser ungido por el Padre con el Espíritu Santo ha quedado constituido como Sacerdote, Profeta y Rey. Cristo ha comunicado la misma unción del Espíritu al pueblo por Él fundado, convirtiéndolo en pueblo mesiánico haciéndole partícipe de su dignidad y misión. Cada miembro de la Iglesia, por su Bautismo es convertido en:
· SACERDOTE: Es un sacerdocio común de los fieles, por el cual todos estamos llamados a la perfección de la santidad, se ejerce a través de la oración, la ofrenda de sí mismo, el testimonio que se da de Cristo. Se alimenta y se expresa en la participación de los sacramentos.
· PROFETAS: El pueblo de Dios participa del carácter y misión profética de Cristo, dando testimonio de Él con su vida de fe y de amor. Perdura en la Iglesia el testimonio de los Apóstoles que nos transmitieron lo que habían visto y oído. Para dar este testimonio, el Espíritu de la Verdad suscita y sostiene en todo el pueblo el sentido sobrenatural de la fe, con el que bajo la dirección del Magisterio Eclesial, acoge la Palabra, se adhiere indefectiblemente a la fe transmitida, la profundiza con juicio recto, la aplica a su vida y la difunde a los demás.
· REY: Cristo es Rey y Señor del Universo, porque por haber sido obediente hasta la muerte y haberse hecho servidor de todos, fue exaltado por el Padre que le sometió todas las cosas. Cristo comunicó este poder a sus discípulos para que también ellos dispusieran de una libertad soberana y vencieran el reino del pecado. Los Cristianos ejercen su realeza sirviendo a Cristo en sus hermanos, sobre todo en los más pobres y necesitados.
Unidad y diversidad
El Pueblo de Dios es uno y único, todos sus miembros tienen la misma dignidad, ya que todos son renacidos por el mismo Bautismo. Por eso en la Iglesia no hay diferencia por razones de raza, nacionalidad, sexo o condición social (Cf. Gal 3,28).
Sin embargo el Espíritu Santo reparte entre la única Iglesia, una diversidad de dones y carismas que capacitan para distintos ministerios y actividades. A cada uno se le da la manifestación del Espíritu para el bien común (1Co 12,7).
Así, unos han recibido la gracia y misión de ser maestros, administradores de los misterios y pastores de los demás en el nombre y la autoridad de Cristo. Son los Obispos, Presbíteros y Diáconos, son ellos a quienes conocemos como "jerarquía de la Iglesia".
Otros, los laicos, han sido llamados a ejercer la misión del Pueblo de Dios inmersos en el mundo para transformarlo desde dentro, como "fermento de masa".
Otros, los consagrados, han recibido la vocación de consagrar toda su vida al Reino de Dios, imitando los consejos evangélicos, la vida de Jesús, mediante la castidad, la pobreza y la obediencia.
En cualquier estado de vida, el Espíritu Santo reparte además multitud de carismas especiales, personales o colectivos, para sobrevivir a las necesidades concretas del Pueblo de Dios. Éstos son dones o gracias del Espíritu Santo que tienen una utilidad eclesial, están ordenados a la edificación de la Iglesia, al bien de los hombres y las necesidades del mundo. .
La Santa Sede en la ONU: las leyes sobre niños deben tener en cuenta a los padres
NUEVA YORK, miércoles 21 de octubre de 2009 (ZENIT.org).- La delegación de la Santa Sede en la 64ª Asamblea General de las Naciones Unidas ha reafirmado la importancia de la familia en la salvaguarda de los derechos de los niños.“Mi delegación no podrá nunca mostrar suficientemente la importancia de la familia en la vida de todo niño y que la legislación relativa a los niños debe tomar en consideración la función indispensable de los padres”, afirmó el observador permanente de la Santa Sede ante la ONU el arzobispo Celestino Migliore, el 15 de octubre.
Ante la Tercera Comisión de la 64ª Sesión de la Asamblea General de la ONU, sobre la promoción y la tutela de los derechos de los niños, monseñor Migliore lamentó la difundida pretensión de dejar al margen a los progenitores.
“A veces, en las decisiones sobre la promoción y sobre la tutela de los derechos del niño, existe la tendencia a hablar en términos de relación entre el niño y el Estado, minimizando la función de los padres”, denunció.
Este año, la Asamblea General prosigue sus consideraciones sobre el derecho de los niños a expresar sus opiniones libremente sobre las cuestiones que les afecten y la importancia de escucharles seriamente.
Para la Santa Sede, “al considerar la realización concreta de la participación del niño hace falta recordar siempre, como afirma la Convención [sobre los derechos del Niño], que los Estados Miembros están llamados a 'respetar la responsabilidad, el derecho y el deber de los padres... de proporcionar al niño, de manera correspondiente al desarrollo de sus capacidades, la orientación y los consejos adecuados al ejercicio de los derechos que le son reconocidos en la presente Convención'”.
La Santa Sede aplaude el creciente consenso internacional sobre la necesidad y la manera de proteger a todos los niños, expresado en las ratificaciones y adhesiones de numerosos países a la Convención sobre los Derechos del Niño.
Sin embargo, su observador permanente ante la ONU monseñor Migliore destacó la necesidad de defender también los derechos de los niños no nacidos.
La delegación de la Santa Sede “alienta a todos los Estados que no lo han hecho todavía a asociarse a la promoción de la tutela legal de los niños ratificando y adhiriéndose a la Convención y a los Protocolos y exhorta a una correcta actualización de estos instrumentos legales, que implica el respeto por el innato derecho a la vida de todos los niños”, afirmó.
Y añadió: “En nuestros debates para poner fin a la violencia contra los niños no podemos dejar de recordar que a demasiados niños se les niega el derecho a la vida; que la selección prenatal elimina tanto a niños sospechosos de ser discapacitados como a niñas sólo por motivo de su sexo”.
El arzobispo Migliore también recordó que “los niños se convierten en las primeras víctimas de la escasez y las guerra, que son mutilados por armas que no habían explotado, que no tienen alimento suficiente ni vivienda, que son privados de educación, que caen enfermos de sida, malaria y tuberculosis sin poder acceder a los medicamentos”.
Y a los menores “que son vendidos por traficantes, sometidos a explotación sexual, reclutados en ejércitos irregulares, desarraigados a causa de desplazamientos forzados u obligados a realizar trabajos debilitantes”.
En su discurso, monseñor Migliore destacó que “la mortalidad global de los niños menores de cinco años ha ido disminuyendo constantemente en las últimas dos décadas”.
Indicó que “más de 300.000 instituciones educativas, asistenciales y sociales de la Iglesia católica trabajan cada día para garantizar a los niños una educación o para asegurar la reinserción de los niños víctimas de abusos y descuidados, en sus propias familias si es posible y en la sociedad”.
“Todos los niños merecen crecer en un ambiente estable y sano en sintonía con su dignidad”, declaró.
Sin embargo, añadió, las estadísticas nos dicen también que en la última década más de dos millones de niños han muerto en el transcurso de conflictos armados, seis millones han quedado discapacitados, decenas de miles han sido mutilados por minas antipersona y más de 300.000 han sido reclutados como niños soldado.
“Para eliminar la violencia contra los niños, es necesario que el Estado y la sociedad apoyen a la familia y le permitan desarrollar su propia responsabilidad”, aseguró el representante de la Santa Sede.
Y advirtió: “Los gobiernos deben asumir su función justa para proteger y promover la vida familiar porque ésta última tiene vínculos evidentes y vitales con la sociedad”.
lunes 19 de octubre de 2009
La Misa del domingo y la familia
Sobre la responsabilidad de los padres en la práctica religiosa de los hijos.En una familia cristiana, es natural que haya -tiene que haber- unas prácticas de piedad, propias de la familia en cuanto tal. Es decir, que van más allá de la piedad personal de cada uno de sus miembros. Es lo que “rezamos en cuanto familia”, no sólo reunidos, sino en unidad. “La familia que reza unida, permanece unida”, sentenció con gran sabiduría el Papa Pablo VI.
Dentro de la vida religiosa en común de la familia, ocupa un lugar privilegiado la Misa dominical. Sería por esto muy conveniente que los miembros de una familia asistan a Misa juntos. No siempre se podrá, pero habría que tender a eso. Pienso que muchos de nosotros, entre los recuerdos de nuestra infancia, tenemos grabado con especial cariño, el plan que los domingos hacíamos en familia: no sólo la Misa -dónde íbamos, el sacerdote que celebraba...- sino el plan completo, desde la compra de alguna comida un poco especial, hasta el almuerzo con abuelos y primos...). Al menos mientras es posible. Esto obviamente depende de las familias, circunstancias particulares, etc. Pero es a lo que se debe tender, máxime cuando los hijos son chicos.
El domingo es un día para la familia.
Importancia del domingo en la vida cristiana
Para comenzar habría que tomar conciencia de la centralidad de la Misa dominical en la vida cristiana. Es casi definitorio de católico: se lo podría definir como “aquel que va a Misa”. ¿No es esta afirmación demasiado simplista? No, porque en la Misa Cristo se entrega al Padre y a nosotros por la salvación del mundo; de este modo se actualiza la salvación; nos unimos a Dios; divinizamos nuestra vida; en Cristo no unimos a nuestros hermanos; nos alimentamos con el Pan que da la vida eterna... Es el resumen, la fuente y la cima de toda la vida cristiana.
Es imposible ser cristiano sin la Eucaristía. Jesús fue terminante: “quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna” (Jn 6,54), hay en él una vida divina que le identifica con Cristo y le garantiza la vida del cielo; quien no participa de la Eucaristía no tiene acceso a Cristo ni a la vida divina.
Por eso, en la cuestión de la asistencia a Misa es mucho lo que está un juego: perdida la Eucaristía, perdida la identidad católica, perdida la unión con Dios. Es una pendiente cuesta abajo: piedad cada vez más floja tendiendo a desaparecer. Y en un mundo secularizado y materialista, la Misa dominical preserva al cristiano del riesgo y proceso de secularización. Riesgo total de perder la vida eterna: "si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre no tendréis vida en vosotros" (Jn 6,53).
Es también uno de los deberes más básicos porque garantiza el permanente retorno a Dios. Este es un aspecto negativo, pero no de menos importancia. Una persona que va a Misa los domingos podrá portarse mal en algún momento, pero nunca se va a alejar de Dios demasiado y, sobre todo, siempre va a “tener a mano” la vuelta y el remedio de sus posibles torpezas.
Por esto -y por muchas otras razones- la Iglesia ya en el siglo IV se vio obligada a imponer el precepto de asistir a Misa los domingos para garantizar a los cristianos el “mínimo” de vida eucarística que necesitan para vivir sobrenaturalmente. Un precepto que obliga gravemente, es decir que su incumplimiento representa una desobediencia grave; o dicho con otras palabras es un pecado mortal.
Una aclaración necesaria. El tercer mandamiento obliga a santificar el domingo, y como toda ley divina no tiene excepción. La Iglesia lo ha concretado con una ley eclesiástica que manda asistir a Misa los domingos y fiestas. Las leyes eclesiásticas no obligan a quien tiene una grave incomodidad –es decir, a quien no puede cumplirlas–; de manera que a quien está enfermo, imposibilitado de viajar, etc., el precepto no lo obliga; aunque sí debe santificar el día del Señor de otro modo.
Responsabilidad de los padres en la vida cristiana de sus hijos
Los padres son los primeros y más importantes educadores de sus hijos. Como es evidente, de toda su formación: desde la espiritual a la intelectual, de la deportiva a los buenos modales. Dios les ha encomendado que cultiven en sus hijos el amor a Dios: que les enseñen a amarlo con todo corazón. Y les pedirá especial cuenta de esta tarea, por la que los premiará con también especial generosidad.
Dentro de los diferentes aspectos de esta formación, resulta de vital importancia la eucarística: que los hijos conozcan, amen y valoren a Jesucristo realmente presente en la Eucaristía, que incorporen a su vida la piedad eucarística y, como línea de mínimo, la Misa del domingo.
Cuando una persona es soltera, es responsable delante de Dios sólo de sus actos; y de los de los demás, sólo en algunos casos muy particulares (pecados de escándalo, cooperación al mal). Pero cuando se casa, la cosa cambia, ya que son dos en uno... Si bien cada uno es responsable de la propia vida espiritual, también tiene cierta responsabilidad sobre el otro. De que uno vaya o no a Misa, depende en muchos casos el otro cónyuge. Además está el tema del ejemplo: si el otro no es constante en la práctica religiosa necesita en primer lugar el buen ejemplo. Más todavía, cuando llegan los hijos. La práctica religiosa de los hijos –no sólo cuando son chicos sino durante toda su vida– depende en un altísimo grado de la de sus padres. De manera, que si los padres no van, su falta delante de Dios es bastante más grave que en el caso de los solteros. Y están privando a sus hijos de la tan necesaria experiencia de la práctica religiosa: necesitan ayuda para cultivar hábitos espirituales, sin los cuales les será difícil desarrollar su vida espiritual.
La Misa de los hijos
Si un hijo falta a Misa por dejadez de los padres... es un pecado del que ellos mismos son responsables delante de Dios. Es el caso de los padres que no asisten a Misa, imposibilitando así la asistencia de sus hijos. De los que no los dejan ir solos y no los llevan. También el de los que no se ocupan de que vayan cuando sus hijos van a dormir a casa de amigos que no practican la fe; o que los mandan a campamentos, giras escolares o deportivas, etc., cuyos planes no incluyen la Misa dominical (por supuesto que tienen el deber de velar para que la incluyan); etc.
Del mismo modo, no tendría sentido que una familia cristiana planee sus vacaciones en un lugar donde sabe que no podrá asistir a Misa los domingos que se encuentre allí. Es cierto que la imposibilidad física de asistir a Misa excusa del precepto...; pero ponerse voluntaria e innecesariamente en dicha imposibilidad, al menos, muestra bastante poco amor e interés por la Eucaristía y el precepto dominical.
Los padres deben estar al tanto de la Misa de sus hijos para poder ayudarlos a vivirla con intensidad. Saber si van, cómo la viven, si se quedan afuera charlando con amigos, si comulgan, etc.
Sería una omisión importante desentenderse, no estar al tanto, no saber; y una ingenuidad bastante irresponsable dar por supuesto que tienen la piedad de San Francisco de Asís aunque no los vean nunca rezar.
Y nunca se podría aprobar que no cumpla con el precepto: “sos grande, hacé lo que quieras”. Es verdad que es grande, que es libre, pero yo no puedo aprobarlo. “Sabés que obrás mal y que lo hacés contra mi voluntad”, tendría que ser en todo caso la respuesta.
¿Obligar a los hijos a ir a Misa?
Muchos padres se preguntan si hacer de la asistencia a Misa una cuestión de obediencia. Y no pocos lo resuelven bastante mal.
Normalmente no hay problemas y si uno ha formado bien a sus hijos no tiene porqué haberlos. Pero, si se plantea el problema porque un hijo no quiere ir a Misa un domingo por estar enojado, tener pereza, un plan más tentador, quejarse de que se aburre, estar cansado, decir que no lo siente... ¿qué hacer?
Hablar de obligar a los hijos a ir a Misa, hoy día suena bastante mal: casi como un atentado a su autonomía y a la libertad de conciencia. Incluso hay quienes piensan que obrar así sería moralmente malo, que los padres no deberían hacerlo. Pero si uno lo piensa un poco, fácilmente se ve que no es así.
El punto de partida es considerar que faltar a Misa un domingo sin un motivo grave es un pecado mortal. Punto. Así de claro y terminante. No es un opcional, no es algo recomendado, sino preceptuado por el Magisterio de la Iglesia como concreción del Tercer Mandamiento de la Ley de Dios.
Ante este dato, hemos de considerar en general cuál debe ser la actitud de los padres frente al pecado mortal de un hijo: ya sea robo de objetos de cierta importancia, posesión de material pornográfico, borrachera, blasfemia, etc.
El ámbito y la razón de ser de la autoridad de los padres –y la consiguiente obligación moral de los hijos de obedecerlos– se extiende a aquellas cosas que hacen al bien de los hijos o de la familia (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2217: recomiendo vivamente leerlo). El primer objetivo de esa autoridad es que los hijos cumplan la ley de Dios.
De ahí que los padres deban preceptuar a sus hijos el cumplimiento de la ley de Dios y prohibirles su rompimiento. Máxime en cuestiones graves. Y hacer lo que esté a su alcance para evitarles las ocasiones próximas de pecado.
Y esto lo hacen no sólo en cuestiones que son pecado mortal, sino en otras mucho más comunes y menos espirituales. ¿Qué padre consulta a su hijo antes de enviarlo al jardín de infantes? ¿Qué padre consentiría en que sus hijos de modo habitual no vayan al colegio, no tomen remedios cuando están enfermos, no duerman, etc., etc., etc.? Y así podríamos poner muchísimos ejemplos (desde comer lo que no les gusta hasta hacer las tareas del colegio). En las cosas básicas y necesarias, la formación exige el cumplimiento de deberes, y es normal que se impongan (deber se dice de algo que es obligación, y por tanto exigible). Entonces uno descubre que es bastante lógico que padres con fe, manden sus hijos a Misa (y mejor, como dijimos antes, que vayan con ellos), ya que ante este pecado deben tomar la actitud de un hombre o una mujer de fe que ama a Dios y a sus hijos, y lo que menos quiere es que éstos pequen gravemente.
Además no es un atentado a la libertad de conciencia, ya que en los casos que nos ocupan, no se trata de preceptuar a un musulmán o a un ateo que vaya a Misa en contra de los dictámenes de sus conciencia, sino a un católico, con fe, en el período de su formación, y que fue confiado por Dios al cuidado de uno.
Es bueno aclarar que no es cuestión de obligación sino de amor. Hay que ayudar a los hijos a amar la Misa; y el primer paso es yendo: nunca conseguirá amar la Misa quien no va. Con el ejemplo y con la enseñanza: si no saben qué es la Misa nunca llegarán a amarla.
Pero, de hecho, existe un deber, cuyo cumplimiento es grave. El amor presupone el cumplimiento de los deberes: por ahí comienza. La línea de mínima del amor es la justicia (dar a cada uno lo que le corresponde). Quien no cumple sus deberes difícilmente llegará a amar.
Ese amor, es posible que alguna vez, esté débil y necesite para vivirse la ayuda de la justicia (el cumplimiento del deber ayuda a hacer las cosas que necesitamos): siendo una cuestión de amor, también lo es de obediencia a Dios y a su Iglesia.
Es relativamente frecuente que algunos chicos sufran pequeñas crisis: falta de ganas de ir a Misa por aburrirse, no entender, dejadez, otros planes, mal humor, rebeldías, dudas... Si a la primera duda o dificultad abandonan a Dios... habrá que trabajar bastante el tema de la fidelidad, ya que es claro que están muy lejos de considerarlo importante.
Entonces, ¿hay que obligarlos? Y... en principio sí. Es lógico evitar un pecado mortal a un hijo en nombre de la obediencia: obvio. Si la Iglesia que es Madre y Maestra lo impone como precepto... me parece que enseña el camino.
Evidentemente a los veinticinco años las cosas son un poco distintas: porque no hará caso. Pero a los quince, no.
Algunos falsos argumentos que a veces se invocan para no imponer la Misa como un deber:
“No lo puedo obligar, si va por obligación es como si no fuera”: no es cierto: basta considerar el ejemplo de la comida: alimenta aunque uno coma sin ganas. El enfermo tiene que comer: lo necesita. Si va, aunque sea sin ganas, cumple el precepto, obedece a Dios. El mero cumplimiento sin amor es imperfecto, pero no es malo: es algo bueno, pero imperfecto. No comete un pecado mortal, ¿te parece poco importante?
“Yo educo en la libertad”: es cierto, pero la libertad es para el bien: no le facilitaría el arma con la que va a robar un banco. La exigencia es parte de la formación: espontaneidad no se identifica con libertad: su libertad necesita ayuda para funcionar bien. No siempre se sienten ganas: y esto vale para todo. Si se aplicara este criterio a ir al colegio... Ir a Misa es bastante más importante que ir al colegio... Los padres tienen el deber ayudar, sobretodo cuando más los necesitan: en ese caso su autoridad es como las muletas.
Me dio tristeza el caso de una adolescente que faltaba a Misa con cierta frecuencia. Le pregunté qué le decían sus padres -en principio, buenos cristianos-. Que “nada, que respetan mi libertad, dicen que no me van a obligar a ir”. Bastaba un empujoncito chiquito para que superara la pereza (único obstáculo que tenía). Sus padres, no exigiéndole, le hacían daño; de alguna manera, al consentir que no fuera, lo aprobaban; y sobretodo, dejaban que el hábito de no ir a Misa se asentar en su persona.
Por tanto la respuesta es que sí, que hay que hacerlos ir: y mejor, ir con ellos.
Si un hijo va a Misa porque se lo imponen sus padres, el respeto a sus padres habrá servido para que cumpla la ley de Dios (por algo se empieza).
Como exigirlo
Los preceptos y obligaciones se pueden imponer con mucha firmeza y al mismo tiempo con simpatía, sin gritos, con una sonrisa, sin humillar, facilitando el cumplimiento. Cuanto más le cueste a un hijo asistir a Misa, con más cariño habrá que exigirlo. Hay un libro sobre la educación de los hijos cuyo título lo dice todo: “firmeza y ternura”. Ambas a la vez, porque no sólo son compatibles, sino que se exigen mutuamente.
Ni blandenguería (ceder sin dar importancia al tema) ni exigencia descarnada, teniendo en cuenta que el tema es muy serio.
Para que los hijos entiendan la importancia de la Misa es bueno que se den cuenta de que no se les pide un capricho. Hay diferentes niveles de importancia: debemos distinguir los deberes esenciales, de cosas importantes, de cosas convenientes, de los gustos de los padres y distinguir a la hora de exigir. Es distinto exigir que respeten a la madre (que no la insulten, por ejemplo), que cumplir un encargo, que no dejar la toalla en el suelo del baño. Ir a Misa no es un opcional: algo bueno que se invita a hacer a quien quiera hacerlo (como rezar el Rosario). Pertenece al género de los deberes graves del cristiano. Los padres mientras sus hijos son menores tienen la responsabilidad de sus hijos (hasta pueden responder penalmente si cometen un delito...). Es distinto que ir a ver un partido de fútbol de un hermano, visitar a la abuela, comer o no comer tal cosa, el horario de regreso a casa, etc. Está a otro nivel. Debe quedar claro que en nuestra familia los deberes para con Dios son lo más importante: que se le da más importancia a ir a Misa que al colegio.
Como en toda exigencia habrá que saber explicarla. Depende de las edades. En principio los hijos sabrán qué es la Misa como parte de los conocimientos doctrinales que les habremos sabido comunicar. En general, bastan argumentos muy simples: en esta familia adoramos a Dios, le agradecemos sus dones, le pedimos perdón, necesitamos su gracia. Es parte de nuestra vida. Queremos irnos todos al cielo. La Misa dominical es parte de la vida de familia. Un compromiso de todos nosotros con Dios como familia.
Cuanto menos se practique la fe en el ambiente en que se mueven los hijos, más atención y empeño habrá que poner para que la frialdad circundante no los enfríe a ellos.
Hay que tener en cuenta que en nuestro país el índice de práctica religiosa es muy bajo (7 %). Esto significa que los hijos muchas veces se verán rodeados de compañeros, amigos, conocidos que se dicen cristianos y no van a Misa (¡el 93%!). Esto no los ayuda mucho. Habrá que ayudarlos a tomar conciencia de lo que es un cristiano de verdad, de la seriedad de los deberes para con Dios, de la importancia de la autenticidad que exige el amor a Dios, de la importancia de la ejemplaridad, de la necesidad de cristianizar la sociedad, etc.
También se les podrá explicar lo que es el pecado y sus consecuencias personales y sociales. La manifestación de amor a Dios que es la Eucaristía y el desprecio que significa no ir (“sólo te pide una hora por semana”). Una verdadera infidelidad... ya que no se trata de una mera ausencia, es una ausencia que ofende: preferir una película, siesta, deberes... antes que a Dios...
Si bien es bueno que entiendan, para hacerse obedecer no hace falta esperar a que los hijos compartan las razones del mandato. Si no lo entienden o aceptan, ya tendrán ocasión de plantearlo de un modo distinto con sus hijos el día de mañana... pero ahora tienen que obedecer a sus padres.
Hemos expuesto el criterio moral general. Su aplicación corresponde a la prudencia que será quien juzgue de que manera concretarlo según las circunstancias, porque no se trata de hacer ir a Misa a alguien apuntándole con un pistola, arrastrándolos por el piso, etc. No hay reglas fijas: hay hijos e hijos, padres y padres, familias y familias. Circunstancias, edades.
En principio hasta los 18 años pensamos que habría que hacerlos ir aunque por ellos mismos preferirían no hacerlo.
La manera de ponerlo en práctica no es distinto del resto de los deberes morales (cómo conseguir que los hijos no roben, respeten a los demás, etc.). Dependerá de cómo los padres sepan hacerse querer y gocen de una sana autoridad ante sus hijos. Si no tienen autoridad para mandar otras cosas, también la tendrán difícil en este ámbito.
Evidentemente no se trata de llevarlos ejerciendo violencia física. Son libres y pueden no obedecer. Será con todo el dolor de los padres, un pecado del hijo. Y habrá que ver como imponer el deber: como en otros los campos, con el sistema de premios y castigos. Contra la tendencia actual a dejar pasar cualquier cosa y que nunca pase nada (lo que crea una sensación de impunidad que envalentona el ánimo del transgresor y lo estimula a transgredir aún más), habrá que tomar medidas.
Lo que nunca pueden hacer los padres es consentir con el pecado, mostrándose indiferentes, como si en esta familia el no ir a Misa el domingo fuera una opción más.
Si un hijo no asiste a Misa los domingos es un problema serio. Habrá que rezar más y ocuparse. No basta quitarse responsabilidades de encima, diciendo “yo ya le dije”, como si con algún consejo uno cumpliera su deber de formar. Obviamente habrá que comenzar desde chicos la formación y ser firmes desde el principio: cuesta mucho recuperar el terreno perdido.
Algunos consejos prácticos
El precepto obliga desde el uso de razón, es decir, que desde los siete años los chicos tienen que ir a Misa el domingo.
De todos modos es muy bueno que vayan desde siempre. Que desde chiquitos aprendan a comportarse en Misa, a valorar y respetar lo sagrado: en Misa no se juega, no se habla, no se corre... En el caso de los bebitos o chicos muy chicos que molesten mucho y no dejen a sus padres ni al resto de los feligreses vivir la Misa, sería bueno gestionar en la Parroquia un servicio de guardería durante la Misa.
Rodear la Misa de un clima de simpatía y de alegría, contribuirá a que los hijos amen la Misa. Que vean a sus padres ir con alegría. Participar del ambiente festivo del domingo. Saludar con afecto al celebrante, etc.
La famosa “pilcha dominguera”: que la fe y el amor a la Eucaristía se «vean» en nuestro empeño por vestirnos bien, que nos ponemos elegantes para el Señor. También en esto se muestra la importancia que damos a la Misa.
El mejor sistema para fortalecer la propia fe es contagiarla. De manera que la mejor manera de cultivar el amor a la Eucaristía es hacer apostolado. Me impresionó una chica de diez años que me contó que estaba tratando de convencer a su vecina para que fuera a Misa. Pensando que se trataría de una chica de su edad, le pregunté cuántos años tenía su vecina. Me quedé helado cuando me respondió: “50”. ¡La mocosa hacía apostolado con una señora que podía ser su abuela!
En los momentos de exceso de trabajo, exámenes, etc. habrá que estar más atentos. Cuanto menos tiempo tenemos, más necesitamos a Dios, y El mirará con mucho cariño el sacrificio.
Tener cuidado con los hijos rebeldes para que no usen la inasistencia a Misa como arma para “castigar” a sus padres cuando están enojados con ellos. Como buscan “pegar” dónde duele es fácil que descubran que ahí duele mucho.
Cuidado de no provocar mentiras. Si un hijo se siente acorralado, puesto entre la espada y la pared, podría ser que mintiera para zafar de esa situación. Más vale una vigilancia discreta, que interrogatorios estresantes.
Evitar discusiones. Tener en cuenta que cuando alguien no quiere hacer algo, los motivos que arguye son lo menos importante: argumenta con lo primero que se le ocurre, lo que escucha por ahí, etc.; son la excusa con la que intenta justificar lo que realmente le interesa. De manera que no vale la pena entrar a discutir los argumentos concretos, intentándole demostrar uno por uno. Mejor no empantanarse en discusiones secundarias. Ganarlas por elevación: “ahora mejor vamos a Misa y después charlamos el tema tranquilos”. Pueden llegar a decir que no tienen fe, que ir a Misa no sirve para nada, o cualquier cosa. Paciencia. Saber que no lo piensan.
Y para terminar
El amor personal a la Eucaristía y la unidad familiar son el mejor caldo de cultivo para la valoración de la Eucaristía.
miércoles 30 de septiembre de 2009
El Sacramento del Perdón se da gratis
Una de las mayores necesidades del hombre es la de sentirse perdonado.Yo quisiera decir que la confesión es un encuentro con Dios. Un encuentro auténtico con Él, no deja igual, ¡transforma!.
Así como los encuentros de la Samaritana, de Zaqueo, de Pablo, etc., en esos encuentros hay un algo que hacer saltar la chispa de sentir a Dios como la medicina adecuada, la solución, el sentido de la vida, el que andaba buscando, lo que más necesitaba. La medicina toca en la llaga abierta, pero no para abrirla más, sino para curarla.
El pecador ante Dios no se siente descubierto, sino perdonado. Ante Cristo Crucificado el pecador no debe sentir vergüenza sino amor. La confesión es un encuentro peculiar: la miseria choca con la misericordia, el pecador y el redentor se abrazan, el hijo pródigo y el padre se vuelven a encontrar. Pero; ¡qué manía de confesarse con el hombre y no con Dios!
Porque las sogas que me atan son de esta estopa: ¿Qué va a pensar el Padre?, el hombre? El Padre no piensa nada, no debe de pensar nada. ¿Cómo le digo esto sin descomponerme? No me atrevo, mañana me confieso, para lo mismo responder mañana.
Y, ¡qué manía de confesarse consigo mismo!: "He fallado, he caído muy bajo, muy hondo, ¡qué vergüenza!", ¿Para qué me confieso otra vez si voy a volver a fallar?
Te confiesas tu mismo ante tu orgullo herido, que supura rabia, desesperanza, porque no acepta ser un pecador más, de los que tienen que llorar y arrepentirse como todos.
Confesarse con Dios es mejor que confesarse con el hombre o consigo mismo. Duele, ¡sí!, pero ese dolor es de otra clase, duele haber herido un amor, haber ofendido a una Padre, haber roto una amistad. Dolor redentor y humilde que cura, que trae la paz de Dios.
¡Confiésate con Él!, dile tus pecados. Llórale a Dios tu arrepentimiento. Prométele que vas a cambiar, que vas a levantarte de nuevo.
Cuando te confiesas sube la cuesta del Calvario y plántate delante de ese gran Cristo Crucificado, sangrante, que está muriendo por ti. Ahí, ante ese Cristo ¡confiésate!. Cuéntale, llórale tus pecados y a Él pídele perdón.
El encuentro con el hombre provoca vergüenza, el encuentro con uno mismo provoca orgullo herido y la desesperación, el encuentro con Cristo Crucificado produce la paz del perdón.
Hoy haz una cita con el Redentor. Soy el hijo pródigo, me siento pecador, no necesito inventar pecados, ahí están, son muchos, llevan mi nombre, pero el perdón de Dios es infinitamente mayor.
Cristo perdona siempre y con mucho gusto. Ahí encontrarás siempre al mismo Dios con el perdón en la mano y en el corazón, un perdón siempre del tamaño del pecado.
A Cristo le gusta, le fascina perdonar. Con terminología humana podríamos decir, que se siente realizado perdonando, perdonándote a ti y a mi. Se trata de un encuentro con Dios muy especial.
El médico que va con el enfermo sabe muy bien qué medicina recetarle, tiene medicina para todos los males; las hay dulces, las hay pequeñas, las hay grandes, hay medicinas para todos los males.
La verdad es que cuando uno se confiesa bien, se siente curado. Es el encuentro del hombre cansado y triste con Dios Omnipotente que restaura sus fuerzas. Hay en la penitencia vitaminas para la tristeza y el cansancio, males de quien diariamente debe recorrer un largo camino.
La verdad es que la confesión restaura esas fuerzas y nos brinda paz, es el encuentro del amigo que ha fallado a la amistad con el Amigo, con Cristo, con Dios, con ese Padre misericordioso que siempre trae en las manos algo para ti.
La confesión frecuente reafirma mi amistad con Dios, con el Cristo de mis días felices y mis grandes momentos. Por eso, si al confesarme me asiste un poco de fe como un grano de mostaza, debería ser un encuentro regocijante y un gran acontecimiento cada vez.
La forma mejor de confesarse es hacerlo a la puerta del infierno para llenarnos de susto o frente a un crucifijo para llenarnos de amor.


